“Prestacuentas” o “mulas financieras”. En la
jerga delictiva estas personas prestan su identidad, CBU, cuentas bancarias o
billeteras virtuales a organizaciones criminales para recibir, transferir o
lavar dinero proveniente de estafas virtuales, extorsiones y otros delitos
informáticos o vinculados al negocio narco.
A cambio de ceder sus datos, reciben una
pequeña comisión, pero asumen graves consecuencias penales. Es algo que pasa en
el país, es algo que sucede también, y mucho, en San Francisco.
A inicios de este año, la fiscalía de Delitos
Complejos de nuestra ciudad desentramó un caso donde una mujer de 56 años que
fue detenida era parte de una banda de estafadores que operaban mediante
llamados y mensajes a través de teléfonos celulares.
Su función era conseguir cuentas de billeteras
virtuales pertenecientes a personas en situación de vulnerabilidad, para a
través de ellas desviar dinero obtenido mediante las maniobras fraudulentas
para ocultar su rastro.
Este ardid fue favorecido por la explosión que
las billeteras virtuales tuvieron en el último tiempo, como Mercado Pago o
Ualá, entre otras. Y muchas veces quienes lideran estas bandas delictivas lo
hacen desde la cárcel.
Gana la desesperación
Una fuente judicial avezada en este tipo de
investigaciones le señaló a Up que
mucha gente por desesperación necesidad de hacerse entre 30.000 y 70.000 pesos
vende o presta las cuentas”.
Por ejemplo, en un hecho de estafa este tipo de
conducta implica convertirse en partícipes necesario donde se aplica una pena
de un mes a seis años por cada hecho. Esto último es relevante porque una
cuenta suele ser utilizada en más de una oportunidad.
Si el delito es narcotráfico este rol implica
ser partícipe secundario en el delito de comercialización de estupefaciente,
pudiendo recibir penas de 2 años y 8 meses a 10 años de prisión.
No obstante, los finales de la cadena, es decir
quienes idean el delito y se quedan con la mayor parte del dinero mal habido,
son por lo general personas que están presas en cárceles en connivencia con familiares
que los van a visitar. De esto hay casos descubiertos en San Francisco.