Primero fue Damián Bernarte. El intendente de San Francisco puso primera y
aprobó la semana pasada, por mayoría, una recomposición salarial con el Sindicato Unión Obreros y Empleados
Municipales (Suoem). Para la oposición fue una decisión netamente
proselitista, pero para el mandatario local significa evitar el desgaste de confortamientos
en el inicio de un año clave mirando al 2027.
Lo de Bernarte no es un caso aislado. En Córdoba Capital, el intendente Daniel Passerini también hizo lo propio con el gremio que agrupa a los empleados municipales. Pese a las restricciones financieras que afronta dicha Municipalidad, el último viernes quedó cerrada la paritaria anual con el Suoem. Algo que era impensado para esta época.
Lograr una baja conflictividad gremial como estrategia viene de más arriba. El gobernador Martín Llaryora no pretende que se estire mucho más la discusión con la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba (Uepc), conflicto que tiene casi un mes de discusión y cuatro jornadas de paro en el medio. La última propuesta contempla subas remunerativas por inflación desde abril, y un 10,3% para febrero y marzo. Hay confianza de que sea aprobada esta semana que inicia.
Encabezado por Llaryora, el peronismo cordobés resiste en la tarea de administrar la crisis que golpea a las provincias ante la falta de fondos nacionales. En esa resistencia, controlar los conflictos gremiales es tan importante como seguir manteniendo el refuerzo de partidas sociales en un momento bravo.
Evitar un desgaste que puede resultar innecesario es la cuestión.








