El
Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix
Consultora constató por medio de una encuesta que el 81,6% de los consultados reconoce que en los últimos seis meses tuvo
que resignar algo para sostenerse, desde salidas, ocio o consumos no
esenciales hasta compras habituales del hogar y, en los casos más delicados,
gastos básicos como alimentos, salud o servicios.
Asimismo, se destaca que la percepción de corrupción en el gobierno de Javier Milei ya dejó de ser un tema lateral para convertirse en un factor central del desgaste oficialista. El dato más delicado para la Casa Rosada no es sólo que el 57,3% perciba corrupción generalizada en la gestión o que el 60,2% interprete las denuncias como parte de un problema general de gobierno, sino que esa lectura empieza a golpear directamente sobre la promesa con la que Milei construyó su legitimidad: la idea de venir a enfrentar a “la casta”.
Aprieta el bolsillo
A este escenario se le suma un malestar económico que Zentrix viene registrando en las mediciones previas y que en abril vuelve a aparecer con mucha fuerza en la vida cotidiana de los hogares. Los datos sobre economía doméstica terminan de darle cuerpo concreto a ese malestar: el 81,6% de los consultados reconoce que en los últimos seis meses tuvo que resignar algo para sostenerse, desde salidas, ocio o consumos no esenciales hasta compras habituales del hogar y, en los casos más delicados, gastos básicos como alimentos, salud o servicios.
Por otra parte, en abril, la distancia entre la economía que informa el INDEC y la economía que viven los hogares volvió a ampliarse. El 70,3% de los consultados considera que el dato oficial de inflación no refleja adecuadamente la variación de precios que percibe en su vida cotidiana, un salto importante respecto de enero, cuando esa mirada alcanzaba al 56,4%, el valor más bajo de la serie.
No se trata sólo de una discusión sobre metodología o sobre cómo se construye un índice: lo que aparece es una crisis de validación social del dato público. Cuando la inflación oficial deja de coincidir con la sensación cotidiana de encarecimiento, el problema deja de ser estadístico y pasa a ser político, porque se debilita la confianza en una de las referencias centrales con las que el Gobierno busca reforzar el debate económico.
Esa desconfianza encuentra una explicación concreta en el bolsillo. El 86,6% afirma que su salario no le gana a la inflación, el peor registro de toda la serie reciente, por encima del 74,7% de enero y del 83,9% de marzo. Ahí está el núcleo del problema: la sociedad no compara el dato oficial con una abstracción, sino con el resultado material que deja en la vida diaria.
“La inflación ya no se mide en decimales, sino en cuánto dura el ingreso, cuánto margen queda después de pagar lo básico y hasta qué fecha del mes se puede sostener el consumo habitual. Por eso, cuando el índice baja, pero el salario sigue sin recomponer poder de compra, el dato pierde capacidad de persuadir. El número oficial puede ordenar la macro, pero si no corrige la experiencia real del hogar, deja de ser creíble para una mayoría social”, destaca en su informe la consultora.
Sobre el estudio
Los
datos surgen del Monitor de Opinión Pública (MOP), un estudio desarrollado
desde Zentrix Consultora con el propósito de relevar percepciones políticas y
económicas de la población residente en la Argentina. El relevamiento,
correspondiente a la medición de abril incluyó 1.559 casos válidos con
cobertura nacional.











